Teoría narrativa

A veces resulta que desapareces un tiempo y es solo que te has ido a vivir a otro lado de ti misma. Así por aquí.

Me vais a perdonar todos aquellos que en su día dejasteis un comentario en este blog: si no respondí es porque estaba hibernando. No es broma.

No soy un oso, pero sí soy algo anarcoreta: anarquista + anacoreta. Algo simple. De vez en cuando me voy, y no soy Robert Walser. Porque resulta que de vez en cuando una necesita desaparecer para incubar ideas. También la vida.

Somos historia. Somos historias. Necesitamos historias, más que Historia. En mi caso, existe una especie de agujero negro que debo rellenar a diario con historias de todo tipo. Las encuentro en los libros, en el cine, en la calle.

Vivir es aceptar un discurso. Un tema, un argumento, unos personajes. Habitar un tiempo y un espacio. Darse cuenta de lo mucho que cuesta, a veces, ser el protagonista de la propia vida.

Si rastreo mis libretas, esas en las que escribo a diario (sí, a diario, como a diario se entrena un deportista), encuentro rabia amarilla y voces de muertos azules que agonizan, luces de tinieblas y fronteras difusas. También encuentro listas de la compra y listos que intentan comprarnos en nuestro desvivir de a diario.

También encuentro voces de otros que, como yo, luchan por vivir más que por sobrevivir. Procuro ocuparme más que preocuparme, aunque a veces no me sale bien.

Soy humana. Algo frágil. El animal más débil de todo el universo: de este y de todos. Un animal que, como dice Pániker, no es mucho más que un monstruo: alguien capaz de concebir el infinito en un cerebro biológicamente limitado. Algo mística, algo equilibrista entre mi piel y la tuya. Hay que intentar generar una presión perfecta. Ni mucha ni poca. Hay que buscar el equilibrio entre la presión del mundo de fuera y la expansión del mundo de dentro.

Por eso, a veces, cuando mis días se adelgazan porque mis horarios engordan, me someto al silencio público. Escrivivir precisa, a veces, de un reposo necesario. No confundáis este reposo con el silencio: si no estoy aquí, estoy en otro lado, viviendo y soñando mundos (no sé distinguir demasiado entre vivir y soñar), o, para entendernos, escriviviendo.

Gracias por vuestra lectura y por vuestra paciencia.

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