Vida de una futura muerta

Revisitando algunas de mis libretas (siempre me voy anotando por si acaso me olvido de mí misma y del resto del mundo) encuentro una anécdota que no me resisto a resumir.

Tren a Barcelona. Encuentro con una antigua compañera. Saludos, besos. Nos ponemos más o menos al día. Ella me pega un repaso del estilo “vamos a ver si estás en decadencia”. Este acto la deja un tanto ojiplática a mis ojos, como si la vida de repente le hubiera dado un bofetón con la palma bien abierta. No me hago preguntas. Me limito a sonreír. Ella sí me pregunta: “¿sigues escribiendo?”. Nada nuevo, ¿verdad? Pero es una pregunta que siempre me extraña. No sé cómo piensa (cómo piensa nadie) que esto de escribir se puede dejar como quien deja el tabaco (“¿sigues fumando?”) o el alcohol (“¿sigues bebiendo y emborrachándote como si no hubiera mañana?”) o cualquier otra sustancia de las que crean adicción (aunque escribir, reconozcámoslo, sí causa adicción). Nadie te pregunta: “¿sigues siendo profesora?”, “¿sigues siendo contable?”, “¿sigues siendo ingeniero?”. Me doy cuenta de que la gente no se da cuenta de que esto de escribir no es una actividad, sino una manera de ser y mirar, un modo de vida, una esencia. Quien deja de escribir es porque buscaba algo que no es la escritura, que no está de verdad en ella: fama, dinero, una dudosa e inestable fortuna…

Porque la pregunta que te formulan no es “¿sigues publicando?”, lo cual sí tendría un cierto sentido tal y como está el patio editorial, sino “¿sigues escribiendo?”, cuando escribir, para quien lo hace más acá de cualquier reconocimiento (que siempre  es bienvenido, claro, pero nunca es el objetivo final), es tan indispensable como comer o respirar.

Supongo que la pregunta nace porque nuestra sociedad contempla todo tipo de Arte (esa forma de plantear preguntas, de indagar en el hueco del ser humano) como algo accesorio, y no como algo esencial y necesario. Supongo que nuestra sociedad no concibe que se haga nada (nada bueno) porque sí, a cambio de (apenas) nada. Somos buscadores del vacío, criaturas de piernecitas frágiles e inestables. Nos cuesta tenernos de pie en mitad del Universo. La diferencia entre escribir o no es que a algunos nos gusta comentar esta manera de pasar por un mundo que no entendemos, nos gusta cuestionar lo que existe más allá de la inmediatez de los días.

Decía Quevedo que escribir es hablar con los muertos. Quien escribe, se sabe muerto de antemano. La próxima vez que alguien me pregunte “¿sigues escribiendo?”, miraré a esa persona a los ojos, me callaré y le daré un abrazo.

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