La escritora Jimena Tierra conectará a través de aulas virtuales de lectura a personas de todo el mundo – Noroeste Madrid

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La escritora Jimena Tierra conectará a través de aulas virtuales de lectura a personas de todo el mundo – Noroeste Madrid

Entrevista especial a Rosario Curiel

JIMENA TIERRA

Rosario Curiel es una de las autoras invitadas a CLIC durante el trimestre de inauguración del Club de Lectura Internacional Caleidoscopio. Curiel es una polifacética amante de las letras que «escrivive» con una carrera literaria de calidad auténtica, que escudriña los rincones del ser humano y de la sociedad desde diferentes géneros como el ensayo, la narrativa o la poesía. En CLIC nos dará a conocer uno de sus interesantes trabajos, Subway Placebo. Para abordar la entrevista, me presento ante un terremoto de ideas y posibilidades, que desborda vitalidad y energía con mirada transparente y sonrisa abierta. Curiel es una anfitriona genuina. Reflexiona acerca de las preguntas que le planteo y responde con naturalidad.

CurielNewJT. Bienvenida al blog literario El invierno de las letras. Antes que nada, me gustaría saber si consideras que las letras están en la estación de invierno y por qué.

RC. Gracias…

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Entrevista especial a Rosario Curiel

Media neurona

A veces, cuando ya llevas sobre los hombros literarios muchas páginas, muchas noches sin dormir lo suficiente, demasiado café para escribir más, un nivel de alegría interna desaforada y no pocas galletas en el estómago, sufres el síndrome de la “media neurona”. No una haciendo eco, sino media. Lo llamo el síndrome de “el azucarero en la nevera”: ese punto en que el cansancio es tal que solo sabes vivir en el mundo de dentro e intentas no darte de bruces contra la realidad “de fuera”. Bien, ya se sabe: hay que descansar, desconectar… Desconectar. Como las máquinas. Sí. Pero no. Soy un ser humano bastante imperfecto, así que no hago mucho caso de las recomendaciones bienintencionadas.

A veces bramo en silencio por un cuarto de hora más durmiendo, mientras me levanto, mareada, con esas ojeras de las seis o las siete de la mañana tras haber dormido cuatro o cinco horas. A veces me digo que debo dormir más. Y es cierto: debo dormir más.

Pero… la escritura manda. No es disciplina, es oxígeno. Ese momento en el que crees que no vas a poder más y escribes, que no vas a ser capaz de hilar frases y escribes, ese estado de semiabotargamiento en el que al final consigues dar con una frase que te enciende el mundo. No: que te incendia el mundo. Y vives para eso. Para ese momento. Para esa chispa que salta y te dice por dentro que ha valido la pena… no, te da igual si ha valido la pena.

La verdad es que no te cuestionas si ha valido la pena. No es un intercambio. No es una ecuación ni una propuesta de comercio. No trapicheas con los sentimientos. Escribes porque no puedes no escribir. Lo dijo alguien, la frase no es tuya, pero hoy es un día de media neurona en el que has navegado entre océanos de cansancio feliz, feliz porque… porque sí. Porque la escritura no necesita justificación. Porque no hay que justificarse para respirar.

Así que hoy me perdonaréis si no estoy brillante o punk o rompedora o rompeolas, pero acabo de meter el azucarero en la nevera y me planteo hacerme una pizza de endecasílabos o algo parecido a una novela con salsa boloñesa. Porque sí, porque me da la gana celebrar que hoy ando escasa de cerebro porque he dormido poco y escrito mucho y corregido, revisado, quitado una coma-puesto una coma. Porque me alegra encontrar en el mundo de fuera personas (sí, las hay) que entienden este estado y que se ríen conmigo cuando les digo que hoy no voy a ser la persona más cabal del mundo, porque ando semidescerebrada con media neurona.

Media neurona

EL RITMO DE LAS ESTRELLAS

RESEÑA SOBRE CAEN ESTRELLAS FUGACES, de JOSE GIL ROMERO y GORETTI IRISARRI (Suma)

Caen estrellas fugaces

Como la fulguración Carrington, esa tormenta solar que arrasó el cielo de Madrid en septiembre de 1859, aparece esta obra en el firmamento literario. Sabemos que la palabra novela cobija la posibilidad de introducir y mezclar todo tipo de textos y datos: la novela es lo amorfo, el reino de lo posible. Caen estrellas fugaces es un ejemplo vivísimo de ello. Estamos ante un texto que permite muchos niveles de lectura: desde el thriller que acaba rozando lo paranormal y la fantasmagoría, nos adentramos en ocasiones en la novela histórica, la costumbrista y la psicológica; rozamos la crónica política y social, avanzamos por el terreno de lo romántico que se oscurece hasta lo pulp y el terror.

Hay que reconocer a los autores un esfuerzo ímprobo de documentación. El Madrid de 1859 está relatado al milímetro, hasta el punto de que lo vemos, y lo vemos también desde la perspectiva actual. En esta línea, me extraña algún elemento puntual como la aparición de la palabra “astracanada”: en principio, esta palabra no existía en 1859 (nació con la comedia de astracán, a principios del siglo XX). Ese pequeño desenfoque nos da la pista de que se narra el Madrid del XIX, pero desde la visión del XXI. Supongo que es voluntad de los autores, pero a veces distancia ese intento de imitar el estilo decimonónico a la vez que permanece el aire de nuestros días. Este esfuerzo de documentación, que ayuda a ver la época, lastra a veces la historia (o el cruce de historias) hasta el punto de convertirse más en un documental que en una obra de ficción. Sin embargo, y tratándose de una obra híbrida, no me parece razón suficiente para dejar de disfrutarla.

El estudio de personajes no se queda atrás. La aplicación de los principios de la frenología proporciona momentos memorables en la narración. La lucha entre ciencia y pseudociencia, entre creencia y escepticismo, encuentra una batalla memorable (e irresoluta) entre los personajes de Elisa Polifeme y Leónidas Luzón: no me refiero a un enfrentamiento puntual, sino a un diálogo, casi platónico, en el que se van desgranando muchas de las ideas que atravesaban el Madrid de 1859. Por otra parte, el acercamiento a la figura de las mujeres (a su anhelo de libertad, a su soledad y aislamiento), las reflexiones sobre el equilibrio personal como fruto de una enorme lucha interna, nos aproximan a un estadio profundísimo en el que lo humano se nos presenta abierto en canal. Traería aquí muchas citas al respecto, pero baste recordar la visión de La melancolía de Durero que se nos ofrece en más de un momento en la narración: el ser humano es un ángel (¿o un diablo?) al que se le ha olvidado volar.

Cabe hablar, también, sobre la manera de estructurar la trama: siete capítulos articulados en microsecuencias que se entrecruzan coronados por un epílogo trepidante. Una apuesta arriesgada, si se tiene en cuenta que los capítulos resultan excesivamente extensos y que el epílogo ofrece un cierre precipitado que no convence… a no ser que estemos a las puertas de futuras entregas.

Todo lo anterior (y otros muchos aspectos que no vamos a dilatar por aquí) está al servicio de un abanico de temas de gran calado: el doppelgänger, el conflicto de la libertad como sinónimo de soledad, la traición, la rebelión… y el mal. Caen estrellas fugaces resulta ser una profunda meditación acerca del mal y sus consecuencias: la mezquindad del poder y el reino del horror. Aún apuntaríamos la importancia del tema de los excluidos del grupo y de los refugiados: por este camino, el arco temático nos conduce de manera directa  a nuestros días.

Podríamos extendernos más, pero es momento de pasar a la lectura: fluida y amena, nos garantiza la inmersión en un mundo que está vivo y respira, se agita, se retuerce, alarga sus manos de días hacia nosotros desde el pasado y nos conduce a lo largo de este viaje entre el cielo y el infierno al ritmo de las estrellas.

EL RITMO DE LAS ESTRELLAS

Luchando contra la mordaza del silencio

RESEÑA SOBRE EL MONARCA DE LAS SOMBRAS,  de JAVIER CERCAS (Literatura Random House)

El monarca de las sombras

Este libro es muchos libros. Por un lado, encontramos un relato de base histórica sobre la figura de Manuel Mena. Por otro, la reflexión sobre si escribir o no ese relato. La lucha contra la mordaza que impone un pasado que de alguna manera se rechaza. La clave: el parentesco entre el autor, Javier Cercas, y el personaje de quien se habla (Manuel Mena). Y la participación de este último en la Guerra Civil desde el bando falangista.

Este libro es muchos libros. Añadamos a lo anterior la reflexión sobre la veracidad de la historia que se transmite. Si tenemos en cuenta que cualquier relato de base histórica arranca de documentos escritos por humanos que pueden equivocarse o manipular lo sucedido, llegamos a la conclusión de que la historia se forma a partir de ciertos errores acumulados y transmitidos. Para ello es importante el recurso de la memoria de quienes vivieron los sucesos (en este caso, la Guerra Civil), y todos sabemos que la memoria falla y a veces hace sus propias selecciones a favor de la supervivencia física y mental.

Pero aún es mucho más. Desde la reflexión sobre qué escribir y cómo, sobre si los temas nos eligen o no, sobre la injusticia de toda guerra, que envuelve en un discurso triunfalista las mentes de los jóvenes que ya no volverán, hasta la meditación sobre el desarraigo del ser humano que debe emigrar de su lugar y de su vida y vivir a la intemperie de otros lugares o de las vidas de otros. Esa indagación, esa óptica a través de la cual el autor se nos muestra y a la vez no se reconoce, es el camino más importante de la obra que tenemos ante nosotros: es una reflexión sobre la muerte y sobre la vida, sobre si hay buena muerte o no, y, sobre todo, una reflexión sobre el silencio impuesto, sobre su mordaza, aquella que nos impide hablar cuando debemos opinar sobre si es mejor llevar una vida larga, de días más o menos iguales, más o menos grises, o si debemos sucumbir al sueño de los héroes y sacrificar nuestra vida en aras de los grandes lemas impuestos por unos cuantos que, en el fondo, siempre acaban por condenarnos al silencio.

Luchando contra la mordaza del silencio